Gomez Bueno installation at the Art Park in Echo Park, Los Angeles
The two circled canvases were stolen from
the Art Park.

A long time ago, man was the owner of his dreams and lived in healthy communion with his fantasies. There were very diverse problems, of course, justice left much to be desired, not to mention medicine, but nothing stood between the desires of man and the objects of those desires. Men developed their imaginary objects, fictional heroes, and mythology, in the image of their fantasies, and there was no interested manipulation of their desires (if we exclude the Vatican and its Saint Inquisition). After World War II, an opinionated capitalist initiative came to spoil this idyllic condition that had lasted millenniums and in which desires lived harmonically with concepts. The consumeristic society was created and achieved full success. The individuals embraced the compulsive consumption, voraciously and enthusiastically. As of that moment everything began to go downhill, the drunkenness of over consumption has supplanted all the ethical values that could make our life more human. Cheap idols and fake gods have been created, provided and administered by publicity agencies at the service of the big corporations. The corporate world guided by their lack of scruples and an insatiable thirst for profits, were able to replace the real world with the image of the idyllic, perfect, absolutely unreal world, prefabricated, codified, and empty, and in most of the cases packed in gift wrap paper. In that spectacle, the publicity masks the goal at which all desires point: the real and the authentic. Instead puts in its place mirages and illusions, on sale, without down payments, without interest for 2 years, on credit, imported from Europe. Where values, philosophy, imagination and fantasy flourished now there are advertising, logos, marks, slogans, clientelism and demagoguery. The inhabitants of the platonic cavern no longer know to distinguish between the real and the shadows that surround them. Already nobody feels or wishes anything by themselves instead feelings and desires become dictated to them by the last advertising campaign. Not only has the value of change has replaced the value of use, but already nobody remembers the value of the things. In the middle of the famous Sunset Blvd. of Los Angeles, Mecca of the sickest consumerism, saturated to the nth power of advertising billboards, gigantic luminous signboards and jumbotronics, appears right on the eve of Christmas the new installation of Gomez Bueno. Fighting against the established order, in an impossible mission against the megabucks of the multinationals, fighting for the attention of the passers-by and the rolled traffic. Offering a subliminal criticism of the system, in form of flags that represent the freedom of the spirit and the salvation of the integrity of the soul in form of an oasis of shining colors, singular characters and dangerously infantile compositions. David against Goliath? The capitalist market is so powerful that it turns this negation, a critical, ironic and transgression of the Trojan horse that Gomez has parked in Sunset Blvd., into successful and desirable merchandise.


Tiempo atrás, el hombre era dueño de sus sueños y vivía en sana comunión con sus fantasias. Había problemas de muy diversas índoles, por supuesto la justicia dejaba mucho que desear, por no mencionar a la medicina, pero nada se interponía entre el deseo del hombre y el objeto de ese deseo. Los hombres desarrollaron su mitología a imagen y semejanza de sus fantasias, objetos imaginarios y héroes de ficción, pero no habia una manipulación interasada de sus deseos (si excluimos a la iglesia y a su santa inquisición). Despues de la Segunda Guerra Mundial una inopinada iniciativa capitalista vino a estropear esa condicion idílica que habia durado milenios y en la que los deseos vivian armónicamente con los conceptos. La sociedad de consumo fue creada y obtuvo un rotundo éxito. Los individuos se abrazaron al consumo compulsiva, viciosa y entusiasticamente. A partir de ese momento todo ha ido cuesta abajo, la embriaguez del consumo ha suplantado todos los valores éticos que podian hacer a la vida más humana. Se han creado ídolos de pacotilla y falsos dioses suministrados y administrados por los publicitarios al servicio de las grandes empresas, que guiados por su falta de escrúpulos y su insaciable sed de benefícios consiguieron sustituir al mundo real por la imagen del mundo idílico, perfecto, absolutamente irreal, prefabricado, codificado y vacio, y en la mayoria de los casos empaquetado en papel de regalo. En ese espectáculo la publicidad enmascara la meta a la que apuntan todos los deseos: lo real y lo auténtico y pone en su lugar espejismos e ilusiones de mercado, en rebajas, de pretemporada, sin intereses, a plazos, de importación, a la última..... Donde hubo valores, filosofía, imaginación y fantasía ahora hay logos, marcas, esloganes publicitarios, clientelismo y demagogia. Los habitantes de la caverna platónica ya no saben distinguir entre lo real y las sombras que los rodean. Ya nadie siente ni desea nada por sí mismo sino que sus sentimientos y deseos les vienen dictados por la ley del mercado y la última campaña publicitaria. No sólo el valor de cambio ha sustituido al valor de uso, sino que ya nadie se acuerda del valor de las cosas. En medio del famoso Sunset Blvd. de Los Angeles, meca del consumismo más enfermizo, saturado a la enésima potencia de vallas publicitarias, letreros luminosos y jumbotronics gigantescos aparece justo en vísperas de navidad la nueva instalación de Gomez Bueno. Luchando contra el orden establecido, en una misión imposible contra los megadólares de las multinacionales, luchando por la atención de los transeuntes y el tráfico rodado. Ofreciendo una crítica subliminada al sistema, en forma de bandera que representa a la libertad del espíritu y la salvación de la integridad del alma en forma de un oasis de colores brillantes, personajes singulares y composiciones arriesgadamente infantiles. David contra Goliath?
El mercado capitalista es tan poderoso que convierte a su negación -la crítica, la ironía y la transgresión- o en otras palabras al caballo de Troya que Gomez Bueno ha aparcado en Sunset Blvd en exitosa y deseable mercancía.

Lucio Fuentespila.
Los Angeles.

Diciembre 2004.